Capítulo 2


Cuando acabó la película JB me acompañó a casa. Insistí en que no lo hiciera, pero era tozudo. Lo invité a entrar pero dijo que era tarde y que irse. No me dio tiempo ni a pedirle el teléfono o algo para mantener el contacto. Solo dijo “nos volveremos a ver” y se metió en un coche que al parecer llevaba siguiéndonos desde que salimos del cine.
Entré a casa y mi padre desvió la mirada de su portátil. Era tarde, pero como el decía “los jefes nunca duermen”. Me sonrió dulce después de acercarme a darle un beso de buenas noches y me pidió que no hiciera ruido al entrar en la habitación ya que Jaz estaba durmiendo. Asentí, subí las escaleras con cuidado y entré en la habitación. Una pequeña lámpara de noche alumbraba el dormitorio y con solo esa luz me desvestí y me puse el pijama. Mi hermana necesitaba dormir con una luz encendida porque sino tenía miedo. Apagué la luz antes de tumbarme en mi cama e intenté ignorar las conversaciones que tenía mi hermana en sueños, como no con el mismísimo Justin Bieber.

El estruendo del despertador y la voz de mi padre gritando borró por completo cualquier tipo de fantasía que se estuviese formando en mi cabeza.


-Venga, preparaos para el colegio. Es el primer día y no querréis llegar tarde –Dijo energético mi padre mientras subía la persiana dejando que los rayos del sol inundasen el dormitorio.

-A mi me da igual.-Murmuré con voz dormida.

-Solo un ratito más, papá…- se quejó Jaz desde su cama.


El silencio momentáneo en el que se sumió toda la habitación solo me hizo pensar que algo malo iba a pasar, y no me equivoqué. La música del niñato ese comenzó a sonar por toda la habitación de forma escandalosa para el placer de los oídos de mi hermana, y para el infierno de los míos. Eché las sábanas hacia atrás y puse los pies en el suelo con un enfado más que notable y me encerré en el baño para darme una ducha mientras mi hermana reía y cantaba desde la cama. Que bonita forma de empezar el instituto tras las vacaciones.

Saludé a Alice nada más detenerme enfrente de mi taquilla. Ella se había convertido en mi mejor amiga desde que llegué a Los Ángeles y casi siempre estábamos juntas. Nos complementábamos bien, era agradable tener a alguien como ella al lado.


-¿Qué tal las vacaciones de pascua? –Pregunté mientras cogía los libros que necesitaba y dejaba los que no.

-Bien ¿y las tuyas? –Contestó mientras hacía lo mismo que yo.

-Bien…-dije con desdén.

-Ah –dijo deteniendose y mirándome con una sonrisa- felicidades por tus cinco meses junto a Taylor.


Fruncí el ceño mientras una sonrisa se dibujaba en mi rostro por lo ridículo que sonaba eso.


-¿Gracias? –Dije con un tono interrogante para después estallar en risas las dos.- Cinco y no más.-murmuré ya seria.

-¿Qué? ¿Cómo? –preguntó confusa.

-Ayer quedamos en ir al cine para celebrarlo y no vino así que supongo que no va a haber más aniversarios...

-¿En serio? Dios, lo siento…


Me encogí de hombros he hice una mueca de “no pasa nada” quitándole interés al asunto aunque en el fondo me dolía.
La primera clase se hizo insoportable. Matemáticas a primera hora un lunes por la mañana no debería de estar permitido por la ley. Ni a segunda. Ni a tercera. No debería de ser legal esa asignatura y punto. El día pasó lento y las asignaturas parecían interminables así que cuando sonó el timbre que indicaba el fin de la jornada, que la gente saliera corriendo y feliz por los pasillos no era de extrañar. Me despedí de Alice y me dirigí de nuevo a la taquilla para dejar los libros que no necesitaba. Al abrirla cayó un papel al suelo.

¿Me perdonas?




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