Capitulo 3

El segundo día de clase no fue mucho mejor que el primero. Llegué tarde a clase y me gané un retraso, del cual le iban a hacer saber a mi padre. Alice no vino y las clases se hicieron el doble de eternas sin alguien con quien compartir sonrisas y miradas cómplices. Y también, y por mucho que quería evitar ese momento más que nada en el mundo, sucedió. A la hora de comer Taylor vino a buscarme para comer juntos. Y no, no tenía una respuesta a la nota que me había dejado en la taquilla el día anterior.


-Hola, preciosa –Dijo sentándose enfrente de mi con una sonrisa dulce.


Fruncí el ceño y fingí ignorarle.


-Tenemos que hablar…-Murmuró quitando la sonrisa de su rostro.

-No, tú eres el que tiene que hablar. Yo no tengo nada que decir.

-Yo… lo siento, Mar.

-Yo también lo siento, Taylor.

-Surgió un imprevisto y no pude ir, perdóname.

-¿Y no sabías que existían los teléfonos? –pregunté con un tono de enfado visible en mi voz.

-Se me pasó. Lo siento. Yo nunca te dejaría plantada, no sería tan idiota.

-Pues lo fuiste. –Jugué con mi tenedor en el plato de comida durante unos segundos

-Te… te había preparado un regalo –Dijo titubeando- no te lo pude dar, asi que aquí tienes.


Tragué saliva y dejé el tenedor en el plato para clavar mi mirada en él. Sacó un colgante del bolsillo de su pantalón y me lo tendió hacia mí. Era una cadenita plateada de la que colgaba un corazón pequeño del mismo color con una palabra gravada: Always. Inspiré y solté el aire con lentitud. Eso no me lo esperaba.


-Gracias… -mascullé.

-De nada. –Cogió mi mano entre sus dedos y se acercó un poco más a mi.- Dame otra oportunidad, por favor, y prometo no volver a decepcionarte.


Cedí. No se muy bien por qué pero lo hice. Todo el mundo merece una segunda oportunidad y aunque él no me había dado una razón concreta por la que me dejó plantada quise darle un voto de confianza. Tampoco era nadie para juzgarle y le quería. Y le creía.

Cuando llegué a casa después de acabar las clases fui directa a hacer los deberes en mi habitación. Ese era el momento del día en que más odiaba compartir habitación con mi hermana. Era bastante difícil concentrarse y más sin mi padre en casa para que le echase una broca de vez en cuando, aunque tampoco es que se le diese muy bien. Un grito agudo hizo que arrojase el bolígrafo sobre el libro de geografía, ahogando mi rabia e impotencia en ese pequeño gesto. Cogí aire.


-¿¡Qué pasa!? –dije elevando mi voz más de lo que pretendía.

-¡Faltan cinco días! –dijo emocionada lanzándose sobre su cama.

-¿Cinco días para qué?

-¡Para que venga! ¡Para que venga Justin Bieber! –gritó emocionada provocando en mi un suspiro pesado.

-¿Otra vez con el tío ese? – pregunté incrédula, parecía estar hasta en la sopa.

-Tiene nombre ¿sabes? Si lo conocieses no dirías eso… -dijo entrecerrando sus ojos.

-Tú no lo conoces –respondí con una sonrisa obvia.

-Más que tú si. –respondió cortante sacándome la lengua.

-Ah claro, os veis mucho por tus sueños ¿no? –Dije riendo mientras interceptaba un cojín que me había lanzado directo a la cara.


Se lo tiré casi sin fuerza.


-Imbécil. –Dijo con rabia- dentro de cuatro días es mi cumple…

-¿Y? –cogí de nuevo el bolígrafo entre mis dedos dispuesta a seguir con mis deberes

-¿Sabes lo que me va a regalar papá? –preguntó con un brillo inocente en sus ojos.


Sonreí.


-Sorpresa.




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