Capítulo 4

A la mañana siguiente me desperté más pronto de lo normal. Las sábanas no se me pegaron como de costumbre y acabé un cuarto de hora antes de lo previsto y, como hacía en esos casos, avisé a mi padre de que me iba y fui a casa de Alice a recogerla. Fue raro que no me hiciese esperar así que salimos pronto de su casa y comenzamos nuestro camino al instituto.


-Ayer me dejaste tirada.-

-Lo se, lo siento, no me encontraba bien y mi madre me dejó quedarme en casa. ¿Ese colgante es nuevo? –preguntó de repente frenando y tocándolo suavemente con sus dedos.

-Si, me lo regaló ayer Taylor. Tenía pensado dármelo en el cine.


Sus ojos se entornaron y en su boca se formó una mueca tierna y entonó un pequeño “oooh”.


-Le perdoné, así que volvemos a estar juntos.- concluí.

-Cualquiera diría que te alegras… -murmuró por mi actitud inexpresiva.

-Es que no se si he hecho lo correcto. 

-Ya sabes el historial que tiene Taylor, creo que eres la que más le estás durando… 

-Soy tonta… -susurré.- Quiero creerle, de verdad, quiero creer que todo lo que me dice es cierto, pero es que cada vez encuentro más razones para no hacerlo.

-Entonces no lo hagas. –dijo Alice encogiéndose de hombros como si fuese lo más simple del mundo.

-Pero no quiero hacerle daño. Ayer hizo todo lo posible para que le perdonase, no le puedo hacer eso…

-Si no le haces tu daño, te lo hará él. Así funciona la vida Mar, o jodes y te joden; no hay más.


Guardamos silencio unos minutos hasta que decidí romperlo y contarle lo que tenía ganas de decir a alguien. 


-Conocí a un chico en el cine cuando Taylor me dejó plantada.


Sus ojos se abrieron como si hubiese visto un fantasma y rápidamente una sonrisa amplia se dibujó en su rostro. Sonreí al ver su cara y agaché la cabeza.


-¿¡Y ahora me lo cuentas!? Ya te vale… -murmuró fingiendo estar dolida. - ¿Y que? ¿Cómo es? ¿Cómo se llama? ¿Ya te ha llamado?

-Es… extraño –dije dubitativa.

-Con todos los adjetivos que hay y tienes que escoger ese… -masculló provocando una sonrisa en mi rostro.

-No se, era gracioso. A el también le habían dejado plantado y llevó durante toda la película un gorro y encima la capucha de su sudadera, por eso digo que era extraño. Ni siquiera hacía frío. –expliqué.

-Pero ¿era guapo?

-No lo se, no le pude ver bien por la capucha… la sonrisa si, era bonita. –admití con una sonrisa al recordarla.

-¿Y por qué no le pediste que se la quitara? –Dijo de nuevo como si fuese algo obvio y sencillo.

-¿¡Cómo le iba a decir eso!? Me hubiese mirado raro, Alice… -ella rodó los ojos al escucharme.

-¿Pero sabes al menos como se llama o ni eso?

-Me dijo que le llamaban JB. Me acompañó hasta mi casa y de repente apareció un coche detrás de nosotros, se despidió y se montó en él. Fue… raro.


La cara de Alice palideció y abrió otra vez sus ojos como platos. 


-¿Qué pasa? –pregunté preocupada. 

-¿JB has dicho? –Asentí preocupada, pidiéndole explicaciones con los ojos.- Dios… ¡has conocido a Justin Bieber! ¡Tiene que ser él, Mar! ¡Tiene que ser él!


Fruncí el ceño y negué con la cabeza mientras suspiraba pesadamente.


-Eso de que venga dentro de ¿cinco? ¿cuatro días? os está traumatizando o algo así ¿no? Estoy hasta las narices de que ese chico salga hasta en la sopa… -refunfuñé- No era ese tío, de eso estoy segura. 


Alice intentó convencerme en el resto de camino hacia el instituto de que todo tenía sentido, de que tenía que ser Justin Bieber “el famoso” 



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