Capítulo 50: El centro del problema.

Justin: No hace falta que vengas.


Fruncí el ceño aunque no pudiese verme ya que iba unos pasos más adelantado que yo.


Yo: Quiero ir.

Justin: ¿Por qué?


Llega al coche, se detiene y me mira esperando una respuesta. Me detengo yo también y suspiro cogiendo oxígeno, no es facil seguir su ritmo.


Yo: Porque quiero saber qué coño te pasa conmigo. (Digo directa. Él frunce el ceño)

Justin: No me pasa nada contigo. (Dice malhumorado y elevando la voz más de lo que pretendía)

Yo: ¿Ah no? Creo que es la primera vez en… ¿Cuántas horas llevas en mi casa? ¿Cuatro? ¿Cinco horas? Es la primera vez en todo el día que me miras y hablas conmigo.

Justin: ¿Y eso significa que me pasa algo contigo?


Rio con ironía y le miro seria.


Yo: Te faltó poco para salir corriendo del baño cuando entré a coger una toalla.

Justin: Ibas casi desnuda.


Elevo las cejas impresionada.


Yo: ¿Desde cuando te incomoda a ti eso?


Suspira pesadamente y se lleva las manos al bolsillo de sus bermudas vaqueras. Saca un cigarrillo y lo enciende mientras rodea el coche para entrar. Abre las ventanillas en cuanto yo entro y rápidamente arranca. Miro el paisaje mientras me llega el olor a tabaco y me vuelvo a hacer la misma pregunta que antes…


Yo: ¿Desde cuando fumas? (Pregunto mirándole fijamente)


Me mira durante unos segundos pero velozmente vuelve a dirigir su mirada a la carretera. Entreabre los labios para decir algo pero se arrepiente, suspira y niega con la cabeza mientras lanza lo poco que le queda del cigarrillo por la ventana. Frunzo el ceño.


Yo: ¿No me vas a responder?

Justin: No tengo porqué darte explicaciones.

Yo: No te estoy pidiendo explicaciones, solo pregunto.

Justin: Entonces deberías preguntar menos

Yo: Si no me hablas tendré que preguntarte cosas ¿no crees?

Justin: Si no te hablo es porque no me apetece o no quiero hablar contigo y por mucho que me preguntes eso no va a cambiar.


Pone la radio y sube el volumen.  Suspiro y le doy al mismo lugar para apagarla.


Yo: ¿Se puede saber qué mosca te ha picado? ¿Qué te he hecho? Hablas como si te hubiese dado problemas y en verdad no he parado de ayudarte. (Le reprendo mientras le miro con fuerza.)


Murmura algo que no entiendo y apaga el motor. Baja del coche y le imito para después seguirle unos pasos por detrás hasta la puerta de lo que supongo que es la casa de la señora Catherine. El jardín que la rodea está perfectamente cuidado y el olor a rosas inunda todo el porche. Oigo unos pasos al otro lado de la puerta y en pocos segundos la señora Catherine aparece delante de nosotros. Tendrá algo más de 65 años. Su melena rubia casi blanca se detiene al llegar a sus hombros mientras forma ligeras ondas y sus ojos azules reflejan un brillo especial que hace que me caiga bien de inmediato. En seguida reconoce a Justin, nos dedica una sonrisa y nos invita a entrar…


Justin: Veníamos a por los libros. (Dice Justin señalando las cajas apiladas en la entrada)

Catherine: Lo se, cielo, me lo dijo tu madre… ¿Queréis tomar algo?


Antes de que Justin diga algo, me adelanto y educadamente le pido un vaso de agua. Ella me sonríe con ternura y nos pide que nos sentemos en el salón y nos sintamos como en casa. Justin me mira con mala cara cuando ella desaparece por el umbral de la puerta de la cocina y yo me encojo de hombros a modo de respuesta. Miro a mi alrededor y veo un cuadro que llama mi atención. Me acerco y rápidamente me doy cuenta de que es una carta, una carta dirigida a Catherine de un tal Henry…


Catherine: Oh, esa carta fue la primera que me envió Henry cuando estaba en el ejercito. Creo que nunca lloré tanto como cuando la recibí. Fue una sorpresa, él no era de los que hacían ese tipo de cosas.  (Hizo una pequeña pausa para sonreírle a los recuerdos y continuó) Era un gruñón, cuando estábamos juntos no parábamos de discutir y cuando se marchó al ejército pensé que lo había perdido para siempre. Pero los hombres duros también se enamoran, cielo, y yo tuve la suerte de que Henry se enamorara de mi. (Me sonrió con una mueca cómplice en su cara y yo le devolví la sonrisa)


Cogí el vaso de agua que me ofreció entre mis manos y le di pequeños sorbos. Me entristecía pensar que despues de todos los años que pasaron juntos ahora ella se quedara sola en la casa en la que compartieron sueños e ilusiones. El amor daba asco. La vida daba asco.
Dirigí mi mirada hacia Justin, a unos metros de nosotras, que parecía estar retenido en esa casa a la fuerza y yo maldije que fuera tan temperamental. ¿Tanto le costaba fingir agrado?


Catherine: ¿Eres nueva en la ciudad? No me suena haberte visto nunca (Dijo haciendo que dejase de mirar a Justin)

Yo: No, solo que vivo un poco lejos de aquí.


La señora Catherine asintió y yo le sonreí amable.


Catherine: Hacéis muy buena pareja (Me susurró con otra sonrisa cómplice mientras miraba a Justin)


Tomé un sorbo de agua abundante para impedir atragantarme con mi propia saliva.


Yo: Oh, no somos novios... (Respondí rápidamente sintiendo como el calor comenzaba a ascender hacia mis mejillas)

Catherine: No estoy diciendo que lo seáis…


Una sonrisa audaz se dibujo en el rostro de la señora Catherine. Justin dirigió su mirada a su móvil que comenzó a sonar. Era una llamada pero Justin no la cogió. Nos miró...


Justin: Nos encantaría pasar más tiempo con usted pero tenemos que irnos. (Dijo serio, demasiado formal y frío)

Catherine: Oh… ha sido un placer conocerte, cariño. (Dijo sonriéndome mientras nos dirigíamos a la entrada)

Yo: Igualmente, señora. (Le correspondí y cargué dos cajas de libros)

Justin: Cuídese, señora Catherine… (Le deseó Justin)


Abrió la puerta y cogió las tres cajas restantes. Pesaban como un demonio. Los músculos de mis brazos ya temblaban por la fuerza que estaban ejerciendo y ni siquiera las estaba sosteniendo ni un minuto.
Llegamos al coche, dejamos las cajas en el maletero y subimos en él. Al arrancar y comenzar a conducir me di cuenta de que no íbamos de vuelta a mi casa. De nuevo el silencio ahogaba el ambiente y, para variar, Justin seguía sin mirarme y yo todavía no sabía la razón.


Yo: ¿A dónde vamos?

Justin: Tengo que acabar unos asuntos pendientes. 

Yo: ¿Al margen de la ley, como siempre?


Me dedicó una mirada fugaz pero dura, penetrante, de esas que incluso había llegado a echar de menos. Un escalofrío recorrió entero mi cuerpo… 


Justin: No me toques las narices, Juliett…


¿Por qué todo lo que le decía ultimamente parecía molestarle?


Yo: Tengo derecho a saberlo ¿no? Ya te dije que no pensaba hacer nada más al margen de la ley desde lo de Derek…


Al pronunciar su nombre vi como los nudillos que sujetaban el volante se le comenzaban a poner blancos de la fuerza con la que lo agarraba. Bingo. Acababa de encontrar el centro del problema. Le había pasado algo a Derek, por eso estaba tan… ¿como decirlo? Insoportable. Le miré y observé su rostro tenso. Apretaba su mandíbula con fuerza y apenas pestañeaba. Tenía la mirada completamente clavada en la carretera y supuse que no era el mejor momento para preguntarle. ¿Qué le podría haber pasado? ¿Lo habrían descubierto? Intenté imaginar lo que sería para mí estar tanto tiempo separada de mi hermana, encontrarla, estar con ella y que de repente se volviera a alejar de mi lado. Guardé silencio el resto del viaje y sentí que de alguna manera Justin me lo agradecía. 



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